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Érase una vez...una mujer maravillosa, de apariencia dulce, sensible, e inocente, pero con la fuerza y
la determinación para
levantar a un hombre caído, destrozado por el antojo de una niñata "incorrecta".
Pero antes de hablaros más de
ella, creo que lo "correcto" sería presentaros primero a él: un esclavo;
porque aunque se supone que todos
los hombres nacemos libres, a veces las circunstancias que son
impuestas por otros, nos alejan de este derecho, y vulneran
nuestra dignidad intrínseca, rompiendo el
equilibrio y armonía con los seres queridos, con la sociedad, con nuestros deberes,
compromisos, y
responsabilidades, y con la paz de uno mismo. Dado que incluso los presos que van a ser ejecutados,
desde
el corredor de la muerte, pueden decir sus últimas palabras; en su oscura y denigrante cárcel
preventiva, él pensó en este relato,
escribiéndolo dos días antes de su juicio, para sentirse más libre.
Rompió así, el silencio tristemente guardado, para justificar
sus reacciones, y defender su pisoteada
dignidad, manifestándose por sus únicos medios contra todas las injusticias recibidas aquí
reflejadas.
Siendo yo, quien aquí escribe, ese esclavo, os agradezco su lectura, y cual sea la interpretación dada,
vuestra colaboración
a sentirme más libre, o cuanto menos, oído.
Suena paradójico escribir sobre lo que te gustaría manifestar lo mínimo, pero mi intimidad se ha hecho pública por otra persona, mediante falsas difamaciones y denuncias contra mí, sintiéndome obligado a
resguardarme
de un amor desesperado, del que como su nombre dice, ya nada espero, y soy juzgado.
Comprendo que el relato parezca algo de película,
pero a veces la realidad supera guiones novelescos,
así que os invito a tomar aire y sumergiros en él, a sentiros protagonista, y
bucear en mi propio pellejo.
Como imagino que tal vez lo leas, a altas horas de la noche, con la tenue luz de la pantalla, acomodado
desde la privacidad de tu dormitorio, acompaño mis letras de unos videos musicales que hablan por sí,
en consonancia con los textos,
y que recomiendo activar en cada página para ambientar más la velada.
Espero que eso facilite sentir otro sonido dentro
de cada uno: el latido de un corazón roto, encarcelado
y derrumbado; porque dicen que el amor mueve montañas, pero no avisan
que también las derrumban,
y cuentan que hay un paso del amor al odio, pero cuidado, porque a veces se rozan y conviven juntos.
Escuchamos
que el amor es ciego y la locura va con él, pero no que a veces también es sordomudo, y
aun sin sentidos debemos controlar su furia;
Y si se dice que tras un gran hombre, hay una gran mujer,
no os preguntáis: ¿qué habrá tras un hombre destrozado?...Dios hizo este
gran mundo en siete días y
reposó; yo solo espero que basten estos 7 folios para daros respuesta, y contada mi pequeña historia,
descansar
más en paz, confiando en que de momento, no os quedéis dormidos leyéndolo.
Empezaré desde el comienzo, para facilitar la comprensión de los hechos, protegiéndome de su brutal cornada, pero sin el objeto de atacar ni arremeter contra la imagen de nadie; ni mucho
menos, odiando
dicho arte, lidiar y estocar ningún toro, ya que además, esto no es una historia de cuernos, por lo que
no difamo datos
protegidos, ni intimidades irrelevantes. Algunas cosas no parecerán de buen caballero
contarlas, pero como tampoco usaré mi
espada, Don Quijote me perdone, esta vez prefiero quedarme
solo en escudero, y las cuento porque ayudan a situar y aclarar bien
las cosas, engullendo como buen
Sanchopancero, muchísimas calamidades, secretos, y vergonzosas intimidades que prefiero reservar.
El preludio con digámosle "ella", mi ahora acusadora, comenzó sobre finales de Enero de 2.006, pero
reconozco, aunque luego me
provocase enfermedades, que mi antivirus no la detectó; pues en verdad
la conocí por internet el día seis de Enero, día de los
Reyes Magos, que en lugar de carbón, estos me
trajeron una cibermuñeca: la Barbie-líos. Así que en absoluto la conocí como
ella mintió a sus padres,
mediante su amiga llamémosle "Carmela", única amiga de ella que conocí mas tarde, y que considero
buena
persona, dándome pena que solo la llamase cuando nos enfadábamos, recurriendo pues a ella.
Desde el comienzo, pese a su aparente y
respetable libertinaje según mis gustos, aun a sabiendas de
que se lió antes con un chico con novia, y que tras liarse fácilmente
conmigo, ella que es tan guapa y
tan lista, tonteaba a la par con un supuesto dentista; Aun así, tonto de mi, mi impulsivo y ciego
corazón
quiso desde el inicio una relación formal, y no una sin compromisos, como a priori quería ella.
Ella había salido con un chico de Madrid, donde estudiaba diseño y moda, y del que no me dijo motivos para dejarlo después de tres años, salvo su desinterés,
cuando sin terminar estudios, regresó a Murcia.
Yo venía de una relación de cuatro años, donde me dolió dejar a una grata persona, pero como que no congeniábamos para plantearnos mayores metas, terminando bien, con cariño, siendo aún hoy amigos.
Ella,
hija de . . . una familia millonaria de molineros, con empresas que facturan cientos de millones de
euros al año, que salió casi sin
estudios, de la pobreza del campo (gente bonachona pensaba yo), que
me demostraron poca educación y cultura, siendo su principal
valor, el dinero, y sus falsas apariencias.
Para darme pena, evitando así que la dejara, me decía a veces, que
en su infancia le marcó la falta de
cariño recibido, y los duros castigos que imponía su madre; también que sus
padres querían separarse.
"Casi" dos años antes de su denuncia, una prima suya por parte de su padre, trabajó conmigo; me creó
serios
problemas y acabé ignorándola, pero como era de su familia, evité al menos que la demandaran.
Yo, un Don Nadie . . . de familia humilde, sencilla, honrada, bondadosa, y bastante más que numerosa; de padres con estudios, de mucha cultura, pero escaso
dinero, que administraron bien para que nunca
careciese de nada importante. Recuerdo una infancia muy feliz, en donde entre mis unidos
padres y el
cariño de mis hermanos, considero que me educaron bien: aprendiendo a valorar, a compartir y a dar
sin recibir, a
querer al prójimo y saber perdonarlo, a convivir en armonía, y especialmente, con la total
e incondicional entrega de mi madre hacia
nosotros sus hijos, como ejemplo, aprendí a amar.
Pero en un amanecer, donde se rozan noche y día, cruzamos nuestras vidas, ajeno a la devastación. Ella iba de princesa, entonando la frase “que guapa soy, que tipo tengo, tengo mucho, y quiero más".
No vi claro ese amanecer hecatómbico, y cometí el error de pensar que tal vez lo fuera, haciéndome
cómplice de todo, pues algo no
pasa si dos no quieren, y vale que ella era fría, astuta, y calculadora,
sin ser el diablo, pero yo quizás era más tonto que bueno,
sin ser un ángel. Debí detener la aventura,
pues ya inicialmente vi que era una persona histérica, maniática, con bastantes neuras
y obsesiones,
resumiendo: insoportable; pero tenía algunas cosas admirables y encantadoras, que me hechizaron.
Ella justificaba
su personalidad, por como era tratada en casa; e indiferente para otras cosas, si que
aparentaba sensibilidad con su
único hermano varón, con ligera discapacidad psíquica, que decía se
debía al maltrato que recibió en la escuela. Por eso, llamarme
iluso, pensé que dándole un buen trato,
y mucho cariño, suavizaría su carácter; pero no sucedió así, y durante
los casi tres años de relación,
como ella misma declaró: siempre la deje yo. Pero volvíamos por su insistencia, por lo que
sorprende
que en su denuncia declare a su vez, que yo estaba obsesionado con ella, lanzándome así la piedra.
El hombre, es el único animal que tropieza varias veces con la mima piedra, cuando lo mas inteligente, y se supone que la raza humana lo es,
sería quitarla del camino. Intenté quitar la piedra muchas veces,
siendo doloroso para su ego, que yo tan poca cosa la dejara, y tal
vez eso le despechase e indujera a
lanzarme ahora el pedrusco; pero yo también sufría, por alejarme de lo que por entonces tanto quería.
Huía de su genio, de sus críticas, humillaciones, e insultos, que me hacían imposible toda convivencia;
y aplicaba
mi máxima en la vida: vive y deja vivir, diciéndole que mejor dejarlo si tanta queja mía tenía.
Pero siempre se hacia la víctima,
simulando que se ahogaba y asfixiaba, y que por el disgusto sentía
pinchazos en su corazón (que en cuanto iba a llamar a una
ambulancia, se esfumaban), y compungido
de verla así, al final acababa volviendo con ella, dándonos otra oportunidad, e intentando
mejorar todo.
En todas ellas, era un hombre completamente entregado, que se desvivía inútilmente por intentar verla
feliz, preocupándome,
comunicándome, e interesándome al máximo por ella; estando juntos la cuidaba
con todo mi cariño, endulzando su carácter, complaciendo
sus deseos, exigencias y caprichos, que me
llevaron poco a poco a la ruina. Con esto os llevo yo a terminar el primer folio, donde sopla
ya el viento,
pero aun racheado, sin mostrar su dirección, pero calma...seguir leyendo, que pronto llega la tormenta.
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